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José Menéndez #882, Segundo piso, Oficina 6

Ulpiano

ROMA IMPERIAL -LOS SEVEROS- SIGLO III

La Justicia: “Es la constante y perpetua voluntad de conceder a cada uno su derecho.”

Tras el homicidio de su maestro Papiniano, en 212 y la persecución contra los simpatizantes de  Geta, decidió retirarse a la vida privada, época en la que redactó la mayor parte de sus obras jurídicas durante sus 58 años de vida. Podemos destacar sus comentarios sobre edicto del pretor y el derecho civil, en 81 libros y 51 respectivamente. Asimismo, escribió sobre las atribuciones de los cónsules y cuestores. Sin embargo, el perseguidor Caracalla o Capa Larga, termino sus días tempranamente, a los 29 años, igualmente asesinado cerca de  Carras ( Harran , Turquía) por el centurión Julio Marcial, cuyo hermano había sido injustamente ejecutado unos días antes ( 8 de abril de 217). La sucesión del trono imperial siguió siendo trágica; dado que Macrino obligó a suicidarse a Julia Domna, su hermana, Julia Mesa asumió el liderazgo en la defensa de los intereses de la familia. Julia Mesa no había tenido hijos, pero si dos hijas: Julia Soemias y Julia Mamea, y estas si eran madres de varones, aunque menores de edad. La primera era la madre de Vario Avito Baso ( más conocido como Heliogábalo) y la segunda, de Marco Julio Gesio Basiano Alexiano  (más conocido como Alejandro Severo). Ambos jóvenes se convirtieron, sucesivamente, en Emperadores de Roma.  Tal como su profesor, Ulpiano debía optar por apoyar a uno de los dos, lo hizo a favor de Alejandro Severo quien corrió con mucha mejor ventaja en el poder que su pariente. Heliogábalo fue reconocido Emperador de Roma a los 14 años el día 8 de junio de 218. Macrino huyó a Capadocia, donde fue asesinado, la misma mala suerte que corrió su hijo. Por su parte, Heliogábalo no pensaba otra cosa que no fuera su Dios y se pasaba todo el día rodeado de astrólogos, ocupado en el servicio divino y en actividades culturales que comportaban danzas y cantos. Además, construyo un templo en el Palatino ( Roma) para albergar la estatua de la divinidad que se había traído desde Emesa: un meteorito en forma cónica. Incluso celebró una unión sagrada entre El- Gabal y Vesta, para la realización de la cual Heliogábalo se casó con una virgen vestal en funciones, todo un insulto para las tradiciones religiosas del Imperio, que exigían la castidad a sus vestales. Se caso varias veces, la más polémica con un esclavo suyo, de nombre Hierocles, un auriga a quien quería designar como heredero. El descontento en Roma ante el excéntrico comportamiento de Heliogábalo se fue generalizando, y el soberano reaccionó ejecutando a cualquiera que le criticara. Julia Mesa intentó conjurar el peligro asociado al trono de su otro nieto, Alejandro Severo, quien era un niño, pero bastante más popular que su primo. El Senado aceptó la asociación, pero a Heliogábalo no le gustó tanto y planeó asesinarlo. Cuando los pretorianos se enteraron de sus intenciones, se pusieron de parte del joven heredero y asesinaron a Heliogábalo y a Julia Soemias ( 11 de marzo de 222), lo que puso fin a casi cuatro años de reinado. La vida de Julia Mesa fue respetada y ella se aseguró la proclamación de Alejandro Severo afirmando que era este, y no Heliogábalo, el hijo ilegítimo de Caracalla.  Los soldados y el pueblo aceptaron a Alejandro Severo (222-235) porque era bastante diferente a su primo en casi todos los aspectos y, a pesar su juventud, prometía ser mejor gobernante. Había nacido el 1 de octubre de 208 y, por lo tanto, solo tenía trece años, pero había recibido una esmerada educación romana en las materias de griego, gramática, retórica, filosofía y astrología. Sus biógrafos alabaron su moderación como gobernante, su cortesía, su preocupación por los amigos enfermos y su animadversión hacia las alabanzas. En el año 222, al ser elegido Alejandro Severo como Emperador de Roma, lo acompaño el jurista en cargos públicos, y asumiendo un puesto inquietante como el de prefecto del pretorio. Su programa, que buscaba reducir los privilegios concedidos a Heliogábalo a la Guardia Pretoriana, con el fin de aumentar el control sobre el elemento militar, provocó la enemistad de éstos, y quienes lo degollaron en presencia del propio Emperador, quien había aparentemente sido su aliado, hasta ese día del asesinato el año 228.

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